24/6/17

Poesía contra el silencio de la violencia...



Poesía contra el silencio de la violencia
Siendo mujer en América Latina

(Discurso en el 3er Festival Internacional de Poesía “Grito de Mujer”
el 13 de marzo de 2013 en el Instituto Cervantes de Atenas - Grecia
Texto y traducción de los poemas del español al griego: Elena Stagkouraki
Embajadora del movimiento Mujeres Poetas Internacional (MPI) en Grecia)


Bajo los sonidos de la canción oficial del festival y con mucha alegría les doy la bienvenida al 3er Festival Internacional de Poesía “Grito de Mujer” con el tema de la poesía sobre la violencia hacia las mujeres. El festival, organizado por primera vez en 2011 en la República Dominicana por el movimiento “Mujeres Poetas Internacional” (bajo la presidente Jael Uribe) se extendió pronto a toda Latinoamérica y el mundo. En este movimiento participan mujeres de varias nacionalidades, juntando su voz, mejor dicho su pluma, para un objetivo común: la lucha contra la violencia hacia las mujeres en el Sur del continente americano y por otros lugares.
Este año (2013), y en la tercera organización del festival, participan 31 países en todo el mundo, entre los que por primera vez está Grecia, después de la aceptación de nuestra petición a participar y con el apoyo de la revista literaria “Poeticanet”, como también de la griega “Asociación de Autores”. El festival de este año está dedicado a Malala Yousafzai de Pakistán, la candidata de quince años para el premio Nobel de la paz. Todos conocimos por los medios de información a esta chica, a quien intentaron matar con una bala en la cabeza simplemente porque apoyaba el derecho de las mujeres a la educación. Malala solía decir que no le importaba si tenía que sentarse en el suelo o incluso en la tierra desnuda, con tal de que ella misma y todas las mujeres de su país pudieran tener acceso a la educación.
           

El verso como grito (Mayte Tudea Busto)

Quiero desde mi voz enronquecida,
alentar con la fuerza que en mí brota,
que ninguna esperanza quede rota,
y toda vida sea enaltecida.

Yo miro y mi mirada no es completa,
y mi mano sostiene quebrantada
el papel en que leo ensimismada
mi verso de mujer y de poeta.

Y este poema es grito y es denuncia,
y es dolor, rabia, furia y amargura,
y pretende servir como armadura,
y amparar mis derechos, sin renuncias.

Si la mujer es germen y es substancia,
¿por qué ha de soportar la intolerancia?

El tema del festival, es decir la violencia hacia las mujeres, no ha sido escogido por casualidad. Es más,  constituye un problema muy grave y serio tanto en América Latina como en otros países en vías de desarrollo. Las voces contra esta realidad cruel van aumentando, aunque son silenciadas de inmediato por oscuras redes de poder, mafias o paramilitares.

La mujer de la foto se llama Susana Chávez Castillo y nació en 1974 en la trágica Ciudad Juárez de México. El por qué caracterizo “trágica” a esta ciudad lo indicaremos más bajo. Hace dos años encontraron a Susana Chávez estrangulada con una bolsa negra volteada en su cabeza y con sus brazos y manos mutilados. ¿Cuál fue su crimen? Escribía. Ha sido una poetisa consagrada a los derechos de las mujeres, algo que en México como también en otros países de América Latina, la clasificaba como activista, agitadora, revolucionaria, o sea, un obstáculo por superar – algo que al final pasó.
Pero no crean, en Latinoamérica existe justicia. Se realizaron investigaciones y el caso se aclaró. La joven que escribía conscientemente a partir de sus once años por el ser humano y la mujer o, mejor dicho, por la mujer como ser humano, había cometido –según las autoridades– algunos errores: malas compañías, drogas, salió para “pasarlo bien” y no hubo ninguna intromisión del crimen organizado. Pues la relación entre “pasarlo bien”, usar drogas etc. y ser encontrada estrangulada y mutilada, la dejo a su propio juicio y su evaluación.
Así que Susana Chávez se convirtió con derecho, a diferencia de muchos seudohéroes en Grecia y otros lugares, en un símbolo y guía del mencionado movimiento de poetisas, luchando por los derechos de las mujeres en América Latina. Además, les regaló el lema que ellas adoptaron: “Ni una más!” El siguiente poema suyo ha sido desafortunadamente profético:
Sangre nuestra (Susana Chávez Castillo)
Sangre mía,
de alba,
de luna partida,
del silencio.
de roca muerta,
de mujer en cama,
saltando al vacío,
Abierta a la locura.
Sangre clara y definida,
fértil y semilla,
Sangre incomprensible gira,
Sangre liberación de sí misma,
Sangre río de mis cantos,
Mar de mis abismos.
Sangre instante donde nazco adolorida,
Nutrida de mi última presencia.

            Semejante es la historia de Marisela Escobedo, también de México, quien recibió una bala en la cabeza en 2010 durante su protesta por el asesinato de su hija dos años atrás. Escobedo había descubierto y nombrado al asesino, quién, después de admitir el crimen y hasta mostrar el lugar del asesinato, ¡fue declarado inocente según la decisión de un tribunal! Siguieron muchísimos procesos, obstáculos, retrasos, denuncias etc. y solamente el año pasado (2012), después del asesinato de Marisela Escobedo, y por la protesta generalizada que había surgido, se dio justicia de la manera ya conocida, es decir, con otras balas, esta vez en la cabeza del asesino.
 ¿Por qué, la colombiana Angélica Bello? Bello es otro ejemplo de mujer que luchaba por los derechos de las mujeres en Colombia, apoyando a las que han caído víctimas de violación por paramilitares durante los conflictos. Qué sufrimientos no tuvo de soportar: Fue amenazada. Sus hijas fueron secuestradas en 2000 y fueron repetidamente violadas por intimidación suya y de su madre. Ella misma cayó víctima de
violación en 2009. Se vio obligada a cambiar de vivienda repetidamente, denunció las amenazas que recibía a la policía, en algún momento le dieron guardaespaldas, pero todo en vano. Nada logró salvarla. El 16 del febrero pasado (2013) Angélica Bello fue encontrada muerta (mejor dicho, asesinada) en extrañas circunstancias. Bello solía decir: “Ser mujer y activista de los derechos humanos en Colombia es como ser kamikaze en Irak.” No podemos, sino darle la razón.
La una con la otra, las poetisas comprometidas (porque sí, se trata precisamente de esto) se juntan y se multiplican; comprometidas en describir la realidad de la mujer en el sur americano.

Nosotras (Hortensia Carrasco Santos)

A espaldas del silencio
tratamos de atravesar las hendiduras de los muros
de ignorar el viento acorralado en la ventana.
Indóciles queremos desprendernos de todo lo que calla
de ese decir nada que nos corruga y desmorona.

Al tanteo buscamos rehacernos
dejar de ser esa luz parda de los cuartos.
Pero la realidad se nos arrima como una hija enferma
que encuentra un regazo en nuestra mente
y anda entre neuronas desganada y repentina.

La violencia hacia las mujeres en América Latina es un fenómeno diario y “natural”, una práctica habitual, nada reprochable, sino aceptable, tanto por las mujeres mismas como por sus familias y la sociedad entera. Se espera que una mujer caiga víctima de violencia en la casa primero por su padre, siendo su hija, a continuación probablemente por el novio, siendo su novia, y seguramente por su marido, siendo su mujer. 

Mucho más allá de la existencia de organizaciones por su defensa, las latinoamericanas no cuentan ni con el apoyo de sus propios padres, los que en el peor de los casos las acusan (“no se puede, ellas habrán hecho algo para que su marido se haya molestado”) y en el mejor les advierten que lo soporten todo en silencio.

Precisamente este silencio condena e intenta a combatir este Festival, con la única manera disponible: el Grito. Algunos me comentaron el llamativo título del festival, ya que este “Grito” sonó en sus oídos griegos excesivo y de mal gusto. Quizás tengan razón en parte. Sin embargo, no debemos caer en la trampa. Aquí no se trata de un asunto de estética y así la palabra “grito” no es nada desmedida. Al contrario, logra lo que es necesario: dice las cosas con su nombre. Debemos aprender a hablar así y aceptar que los otros digan las cosas con su nombre sin que nos molestemos.

También debemos explicar y entender lo siguiente: Aquí no se trata de la emancipación de las mujeres. No se trata de alguna queja o molestia por algo que no sea respetado, ni siquiera de la lucha por la igualdad de los derechos entre hombres y mujeres. Además, no debemos enjuiciar teniendo en la mente nuestros propios criterios o la realidad en Grecia. Muchas cosas quedan todavía por hacer y resolver en nuestro país, pero algunas cosas por lo menos han sido conseguidas. Aquí hablamos de países, donde la mujer es tratada como un ser humano inferior. Y al final, debemos pensar que, mientras nosotros estamos hablando aquí de todo esto libremente, las mujeres que están haciendo lo mismo en América Latina se juegan la vida. La mujer que hablara a un público mexicano sobre las historias de Chávez y Escobedo estaría en peligro a partir del día siguiente.

Lo habitual que es la práctica de la violencia dentro de una pareja, como también el hecho de que en este movimiento participen asimismo –en honor suyo– unos cuantos hombres (aunque sean poquísimos), se muestra en el siguiente poema de Ektor Zetta Ek Balam:


Ni con el pétalo de 1 rosa (Ektor Zetta Ek Balam)

Ni con el pétalo de 1 rosa…
decía mi abuela paterna
decía mi abuela materna
Por algo lo decían

Yo me hacia como que no entendía
pero a pesar de que entonces la vida
debería ser sueños y juegos
las cosas no eran como las de jugar
a la casita con mis primas
Ni con el pétalo de 1 rosa

Pero si mi padre tenía
1 brazo como de beisbol
1 puño de campeón boxístico
1 pata de futbolista
1 espada de torero
¿Será por eso que odio los deportes?
Ni con el pétalo de 1 rosa

Mi mujer me retaba enloquecida
que la golpeara
Pégame cabrón
Cobarde no te atreves
Ni con el pétalo de 1 rosa

Sería como golpear a las mujeres
que me dieron vida/ cariño/
que me enseñaron a vivir
que me enseñaron a luchar siempre
por ser diferente a los sapiens
que no superan su simiesco origen

Quizás nos parezca imposible, pero en la muy rara ocasión en que la mujer no cayera víctima de violencia en la casa, se sentiría ignorada y despreciada y ¡le pediría ella misma a su marido que la golpeara!, como fue descrito de manera realista en el poema anterior. La tradición de la violencia dentro de la casa, sobre todo en México, tiene raíces profundísimas y podríamos fijar su procedimiento en la llegada de los colonizadores españoles, los “conquistadores”, como también del dogma católico. Sin duda, la pobreza, la depauperación y el analfabetismo son factores que hacen que este fenómeno de violación sistemática de los derechos humanos se perpetúe.


No obstante, las latinoamericanas tienen que soportar, aparte de la violencia dentro de su casa, la violencia que encontramos desafortunadamente por todo el mundo, también en las llamadas “sociedades civilizadas”. Violaciones, palizas o humillaciones forman parte de un paisaje de violencia horroroso. Tal como el del poema siguiente de Dinorah Gutiérrez de México:


Eran doce (Dinorah Gutiérrez)

Eran doce

Eran doce los años de su infancia
doce de inocencia
doce del consuelo en las cosas simples

Eran doce las palabras de una madre que no hablaba:
“Hija, pequeña, traviesa, te amo,
cuidado, te espero,
camina,
tú puedes,
ahora…”

Eran doce los sueños de la princesa
la del espejo de quimeras
la que se quedó dormida a mitad de la calle
no la de los cuentos
no la del libro de principios

Eran doce los dueños de su sangre,
de su cuerpo,
de su ropa,
de sus besos
de su tiempo

Eran doce los plagiarios de pureza
Doce
sonámbulos delirantes
y le abatían el espíritu
colgados de su cadera


Doce los del cadalso
siempre al borde del suspenso
derritiendo los escrúpulos
derribando los instintos

Eran doce los años de la princesa


Pero los suspiros se le fueron con el vicio
Inyectados con humeante veneno
sustancias tóxicas
o malos pensamientos

Eran doce…
Pero ya no festejó cumpleaños

la princesa perdió la cuenta


Como si todo esto no fuera suficiente, el crimen organizado y la mafia económica juegan muy a menudo un papel central. Es típico el fenómeno de los “feminicidios” en la Ciudad Juárez en México, a la cual nos referimos antes. Ahí, según los datos oficiales, han sido asesinadas 400 mujeres (en realidad son muchas más), mientras hay miles de las llamadas “desaparecidas”.



No es ninguna casualidad que las víctimas sean en su mayoría mujeres que trabajen en fábricas, las llamadas “maquiladoras”, que cierren contratos con empresas multinacionales extranjeras, un 80% de las cuales son norteamericanas, bajo el control, directo o indirecto, de los Estados Unidos. Esas mujeres, principalmente entre los 16 y 28 años, pobres y de familias grandes, trabajan bajo condiciones inaceptables, con un sueldo precario y tienen que viajar largas distancias cada día desde su casa hasta las maquiladoras, ya que las últimas están en lugares apartados cerca de las fronteras (por eso es que este fenómeno se nota en zonas fronterizas como Ciudad Juárez). A las mujeres las encuentran (si las encuentran en absoluto) desiertas en lugares remotos, violadas, maltratadas y ¡en la mayoría de los casos, con el rostro quemado para que se haga imposible la identificación!

Y todo esto, ¿por qué? Pues porque ¡las escenas horribles del maltrato múltiple se graban y a continuación se hacen películas sádicas, las llamadas “snuff movies”, que se venden después a redes ocultas! Los autores de estos delitos son “conocidos-desconocidos” sobre todo para las autoridades de México, las cuales cierran los ojos a este horror y no ofrecen ningún tipo de protección.

Todo lo contrario, la protección es entonces tarea de la familia de las trabajadoras, de manera que otro miembro de la familia tiene que acompañarlas desde la casa hasta su puesto de trabajo y a la inversa. Es muy trágica la declaración de un padre que una sola vez no acompañó a su hija al trabajo y aquel día ella no regresó a casa. Será ella también una “desaparecida”.

                        No es que quiera obsesionarme (Pilar Rodríguez Aranda)

No es que quiera obsesionarme
pero cuándo
dejaré de escuchar
noticias absurdas y violentas
(penetración en todos los orificios)
En todos
En todas

Cuándo
dejaré de leer
sobre feminicidios irresueltos
(sospechosos en camionetas negras)
La esperanza ennegrecida
Negro el futuro

Cuándo
dejaré de enterarme
de números y estadísticas
(Más años de cárcel recibe un ladrón
que el asesino de su mujer
si se sospecha que ha sido infiel)

Cuándo
dejaré de conocer
los detalles de sus muertes
(acuchillada 57 veces)
Violada
Torturada

Cuándo
dejaré de alterarme
al imaginar su mirada
su ignorancia y su inocencia

Cuándo
dejaré de creer
que para ser mujer hay que negarse
(no salgas, no vistas, no seas)
que si te atreves a afirmarte
te obligan a callarte
te golpean, te matan
y al final
te culpan

No. No me quiero obsesionar
pero cómo
dejar de pensar
que esos asesinos victoriosos
(que no pueden ser hombres)
existen en la misma superficie
y respiran el mismo oxígeno

Siento que va a caer
una lágrima, pero en vez
bien adentro, algo se endurece

La piedra de la fe, lava
que se enfría
cuando debiera explotar y derretirlo todo
pero para ello, necesitaría un poco más de ternura...

Si no, cómo
podré entonces soltar
esta desesperanza endurecida
para que no me rasgue por dentro
como hicieron con ellas
Todas ellas…

¿Cómo fue que extraviamos
nuestra alma colectiva?
Cuándo… cómo...

No hay duda del qué ni del dónde
Aquí y hoy
aquí y hoy

Cuándo
dejaré de sentir
que hoy y aquí
no nos merecemos

¿Qué podemos hacer nosotros entonces por todo esto? Primero, participar en el Festival “Grito de Mujer” y sus próximas organizaciones, en Grecia y otros países. Segundo, hacernos parte de la protesta y la condena internacional de la violencia hacia las mujeres del modo que cada cual pueda, por ejemplo por información constante, difusión de informaciones relevantes, etc. Por último, no debemos olvidar que la poesía puede convertirse a veces en un medio de lucha, pero es siempre bálsamo para la herida.

Una madre y tres hijas (Miriam Krüger)

Una madre y tres hijas
Una madre que las arrulla leyendo poesías
Una madre diferente a las demás
Tres hijas que son su lucha, su esperanza , su felicidad.
Una madre y tres hijas van por la vida
Soñando un día mejor
Una madre que el trabajo le roba el tiempo
Pero ella inventa horas para reír y soñar
Tres hijas que un día se volvieron mujeres
Tres mujeres muy diferentes
La mayor una gran ejecutiva, luchando para ser la mejor
La segunda con magia en las manos para crear vestidos de princesas
La tercera vive entre las líneas de una poesía que no siempre termina
Una madre que sin pedirlo se volvió abuela
Y aún guarda la manía de leer poemas.


Si se calla el cantor (Horacio Guaraní, Mercedes Sosa)

Si se calla el cantor calla la vida
porque la vida misma es todo un canto,
si se calla el cantor muere de espanto
la esperanza, la luz y la alegría.

Si se calla el cantor se quedan solos
los humildes gorriones de los diarios,
los obreros del puerto se persignan,
quién habrá de luchar por sus salarios.

Qué ha de ser de la vida si el que canta,
no levanta su voz en las tribunas,
por el que sufre, por el que no hay ninguna razón
que lo condene a andar sin manta.

Si se calla el cantor muere la rosa,
de qué sirve la rosa sin el canto,
debe el canto ser luz sobre los campos,
iluminando siempre a los de abajo.

Que no calle el cantor porque el silencio,
cobarde apaña la maldad que oprime,
no saben los cantores de agachadas,
no callarán jamás de frente al crimen.

Que se levanten todas las banderas,
cuando el cantor se plante con su grito,
que mil guitarras desangren en la noche,
una inmortal canción al infinito.

Si se calla el cantor...calla la vida...

Muchísimas gracias.
_____________________________



Enlaces:
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-                     elgritodemujer.blogspot.com
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Primera publicación en la revista "Cuadernos Áticos", España (https://issuu.com/cuadernoatico/docs/cuadernoatico_2)

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